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La historia de Atila, antes Salim.

Un día, como otro cualquiera, me llegó un aviso de dos gatos abandonados en la calle, la voluntaria que dio el aviso los recogió y me los llevó a la clínica, eran dos gatos preciosos, una hembrita cruce de persa, negra, a la que llamamos Gala y un macho persa negro, la hembrita era muy despierta, joven, cariñosa y juguetona, no tardó mucho en ser felizmente adoptada junto con otro gato, el macho estaba asustadísimo, se escondía continuamente y no dejaba que le cogieran en brazos, intentaba escapar como fuera para esconderse y que no le hicieran nada.
Pedí a Miguel que pusiera nombre a este gatazo y le llamó Salim, pensábamos que su adopción iba a tardar poco porque normalmente la gente busca gatos de raza para adoptar, pero estábamos muy equivocados, la gente busca un gato de raza, sano y perfecto… cosa que Salim no era.

Pedí al veterinario que le castrara y ya que le iba a anestesiar que le pelara el pelo por completo, estaba lleno de nudos y al tirar un poco se le desprendía todo el pelo del cuerpo, después de la castración y del pelado el veterinario aprovechando que estaba dormido me pidió que le bañara porque tenía todo el cuerpo lleno de heridas y su piel se descamaba por todas partes, me dio tanta pena ver a ese animal en un estado tan lamentable… su piel, comparada con lo demás estaba bien, estaba desnutrido y se marcaban todos los huesos de su cuerpo, en la calle no sabía defenderse y los gatos le pegaban y no le dejaban comer, yo mientras le bañaba no paraba de pensar como puede haber gente con tan pocos sentimientos, para compartir su vida con un animal y un día echarle a la calle, es algo que nunca comprenderé.

Le llevamos a una casa de acogida y desde el primer momento la salud de Salim no mejoraba, tenía diarreas continuas, no utilizaba el arenero, no se dejaba coger … al cabo del tiempo nos le devolvieron porque se veían incapaces de hacer que mejorara, como siempre pedimos casa de acogida para el, pero nadie se ofreció, mientras, Salim estaba en una jaula en el veterinario, pasando los días cada vez con más miedo, cuando abría la jaula se acurrucaba y me miraba asustado, pasaron muchos días hasta que no pude verle más encerrado en una jaula y le llevé a mi casa, el veterinario me había recomendado no acoger durante un tiempo mas gatos porque los míos estaban con problemas de comportamiento, pero no pude dejarle allí, ya buscaría la manera de solucionar sus comportamientos con un nuevo inquilino en casa.

Nada más llegar mis gatos le saludaron, cosa rara porque normalmente las hembras no aceptan gatos nuevos y el les saludo a ellos, parecía que llevaban toda a vida juntos, no escuché ni un bufido, desde ese día están los 4 juntos y no ha habido ni un problema.

A los pocos días de estar Salim en casa, noté que bebía demasiado agua y se tumbaba siempre cerca del bebedero, sus diarreas no se habían pasado, llevaba meses con diarreas continuas, no sabíamos porque, estuvo mucho tiempo comiendo pienso hipoalergénico pero tampoco se solucionaba el problema, al ver todo el agua que bebía me temí lo peor y desgraciadamente no me equivocaba…le llevé a hacerle analíticas, ecografía, radiografías y me dieron el resultado que me temía, Salim tiene una enfermedad degenerativa de riñón, no tiene quistes como es común en los persas pero sus riñones son más grandes de lo normal y no filtran bien, el veterinario no sabe decirme cuanto tiempo vivirá, ni cuanto tardará en desarrollar la enfermedad, lo que si me deja claro es que la enfermedad no tiene cura y este gato necesitará cuidados especiales.

Empecé con la comida especifica para su problema de riñón, pero seguía con diarrea y sin utilizar el arenero, me llamaban muchísimos adoptantes que querían un persa, pero al contarles los problemas de salud de Salim nadie le quería, incluso hubo adoptantes que fueron a verle, para llamarme al día siguiente y decirme que es un gato muy bonito pero que no quieren un gato enfermo… no se imaginan lo que han perdido.

Decidí llevarle a un etólogo para saber que problema tenía, desde que le recogimos no ha utilizado el arenero y se pasa horas tumbado sin apenas moverse, solo se levanta para ir a comer y se vuelve a tumbar en su cunita. Me cuesta muchísimo hacerle jugar y que se anime, mi gato Simba no para de provocarle para que juegue con el, pero Salim se vuelve a tumbar y no hay manera. Tras varias consultas con la etóloga me dio el resultado, Salim tiene una fuerte depresión y ansiedad, va a tener que estar bastante tiempo en tratamiento con antidepresivos, feliway, mimos, paciencia y comprensión, no sabemos como fue su vida, pero seguro que sus dueños no le trataron bien, tiene pánico a los pies, probablemente porque se ha llevado más de una patada y se asusta muchísimo con los movimientos bruscos, su abandono, sus cambios de casa y el estar encerrado en una jaula le han llevado a una depresión de la que según la etóloga me va a costar sacarle.
En este tiempo ha pasado de mirarme con terror cada vez que le cogía en brazos a venir maullándome y frotándose para que le coja en brazos como un bebe, cuando le cojo me mira con sus ojos dorados y empieza a ronronearme, ha cogido bastante peso desde que le recogimos, ahora es un gatazo de 5 kilos, con un pelo negro, largo y sedoso.

El veterinario tiene que hacerle también pruebas de estomago, está casi seguro de que también tiene algún problema y necesitará tratamiento, cada vez que come algo que no sea su dieta habitual vuelve con las diarreas y es muy difícil conseguir que vuelva a estabilizarse.

Yo no quería tener más gatos, 3 para mi ya eran suficientes, mis gatos son felices y se llevan fenomenal entre ellos, en casa no necesitábamos un inquilino más, pero la manía que tiene la gente de tener un animal perfecto, el miedo a las enfermedades y a la muerte han hecho que Salim se quede en casa definitivamente.

Se que me va a costar muchísimo hacer que utilice el arenero, ya he pasado la etapa de poner el grito en el cielo cada vez que me levanto por la mañana y encuentro sus ``regalitos´´ en el suelo, ahora lo limpio con resignación. También me va a costar conseguir sacarle de la depresión y calmar su ansiedad, no me importa si va a estar muchos años a mi lado o no, no me echan para atrás sus enfermedades.

Cada vez que voy a su cunita y el levanta sus ojos para mirarme con esa ternura que le caracteriza, cada vez que se sube a mis piernas para que le achuche y demostrarme que ya no tiene miedo al cariño, cada vez que roza su cara contra la mía maullándome bajito, hacen que mi único deseo sea tenerle a mi lado, protegerle y conseguir que olvide todo lo malo, que salga de su depresión y llegue un día en que le vea correteando feliz por la casa como a los otros gatos.

Salim, ahora Atila, ya no estará mas tiempo en adopción esperando que un día a alguien no le importen sus enfermedades y vea realmente el ser tan maravilloso que es, a partir de ahora y para siempre está FELIZMENTE ADOPTADO.

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